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Sobre el autor de demofilo.com

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Dicen que nevaba la tarde-noche del 31 de enero de 1945, cuando vine al mundo en la avenida de José Antonio, 64 -antes calle de la Libertad- del llamado barrio del Puente de Vallecas de la villa de Vallecas. Cuando la villa vecina -Madrid- se comió a Vallecas,  rebautizaron la calle con el nombre de  avenida de Monte Igueldo, 62. La finca, propiedad de mi abuelo, tenía tres plantas. Viviamos en una casa pequeña, pero yo correteba por una gran terraza. Tren eléctrico y bici, era un niño "bien", para la época. La señorita Paz y doña Gabriela fueron, junto a mi tía Gregoria, mis maestras de primeras letras que garabateaba en pizarrín. En Medina de Rioseco (Valladolid), pasé largas temporadas de mi infancia. Luego comencé a estudiar en el Grupo Escolar Santo Ángel de la Guarda, anexo a la gran iglesia regida por los frailes claretianos.  Don Joaquín Cano fue mi maestro -maestro de los de las letras con sangre entran-. Tanto catecismo como aritmética, y morfología y consignas y máximas orladas con yugos y flechas me hicieron aprobar el ingreso y los dos primeros años de bachillerato en el Instituto de San Isidro, donde examinaban en una prueba final y oral, a cara de perro y al sol de las montañas nevadas. La tradición religiosa materna me llevó al Seminario Conciliar de Madrid. Entré con 12 años y lo dejé a los 18. Fui feliz. Me enseñaron lo que sé y a aprender. Me inculcaron el amor a los clásicos que todavía conservo. Aunque me idiología está a años luz de la que allí se mamaba, recuerdo esta etapa con cariño. No creo haber tenido resentimiento nunca. Terminé Magisterio en la Normal "Pablo Montesinos". Siempre trabajé con libros: los cargaba en camiones en el almacén de una editorial; luego fui profesor en colegios y academias ubicadas en pequeños pisos hasta que llegué al colegio Raimundo Lulio de mi barrio de Vallecas. Aprobé la oposición al Magisterio Nacional, con nota para quedarme en Madrid, simultaneando la docencia en las dos instituciones.  Militancia en el PSOE; después en el PASOC, integrado en IU. Convalidé estudios en la Universidad Complutense: Geografía e Historia y, luego, del Arte. El Pozo del Tío Raimundo y las clases de alfabetización en el complejo creado allí por el Padre Llanos. Matrimonio y dos maravillosos hijos: David y Vanessa. Juventud y 11 horas diarias de aula y tabaco: nódulos en las cuerdas vocales me dieron la voz rota que gasto. En 1987 me dediqué sólo al CEPA  LA ALBUFERA que cambiaba de ubicación con el correr de los cursos: colegio público Francisco Ruano, Cátedra de la calle Serena -en Entrevías-, aulario del colegio Santo Domingo, colegio San Pablo -en el Alto del Arenal-, colegio Jaime el Conquistador, colegio Manuel Xirou y su parvulario que es donde se domicilia ahora el centro de adultos. Las hojas de servicios y la vida laboral de mi jubilación arrojan 39 años, 4 meses y 13 días por un lado y 25 años y 1 mes por otro. Casi dos vidas laborales de otros, las he empleado en ser maestro. Corrijo: durante una temporada desembarqué en la política con cargos y me llena de orgullo el haber sido, militando en IU, primero concejal y después alcalde del pueblo que junto a Vallecas llevo en el corazón, Rivas Vaciamadrid.  Pertenezco, junto a otros compañeros, lo digo con humildad, a esa clase de políticos que, por azares del destino, pudieron trazar una ciudad en un plano y luego la vieron crecer. Aquí, en Rivas Vaciamadrid, resido cerca de mis hijos y mis nietos: Edu y Gabi, después de mi fracaso matrimonial; pero siempre esperanzado en el futuro, con mi nueva pareja (a la que le parece esta presentación un tanto pretenciosa).  Por cierto, me llamo Antonio Manuel Serrano Pérez. Demófilo se llamaba mi padre.