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El siglo XVII

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El siglo XVII

 

6. El Barroco

Llamamos Barroco a la literatura, artes y cultura del siglo XVII.

La literatura barroca halla su expresión más original en el contraste, en la antítesis, en la exageración de las formas, en el uso de elementos cultos, en la agudeza del pensamiento, en el retorcimiento y artificiosidad de la frase.

Después de Felipe II se inicia un proceso de decadencia que mina la economía del país. El nivel moral experimenta un alarmante descenso. En el ámbito social se dan fuertes contrastes: desenfrenado goce de lujos y placeres en las clases elevadas y hambre, mendicidad y miseria en las más inferiores.

Hay escritores que reaccionan con gran pesimismo y otros viven con la alegría inconsciente de quien se cree nadar en la abundancia, (tal vez una manera de huir de la realidad). Quevedo y Lope de Vega son ejemplos de cada una de las dos posturas.

 

 

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Pero si la situación nacional apunta hacia la decadencia y fracaso inevitables, la literatura y las artes del siglo XVII producen, en cambio, un buen número de obras maestras. Es el siglo de Velázquez, Ribera, Zurbarán, Murillo... en la pintura y el de Gregorio Fernández, Alonso Cano, Montañés, Pedro de Mena, los Churriguera... en arquitectura y escultura.

 

6.1. LOS GRANDES TEMAS DE LA LITERATURA BARROCA

A las ideas del Renacimiento sigue ahora un nuevo modo de entender el mundo y sus problemas:

* Vacío y fugacidad de la vida. Vuelven a tener vigencia los serios interrogantes sobre la vanidad de lo terreno y el paso del tiempo. Todo viene a convertirse "en tierra, en humo, en polvo, en nada" (Góngora). La vida se entiende como pura apariencia, una vaciedad, un sueño (Calderón).

 

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                                                              Las postrimerías de la vida: (El triunfo de la muerte), cuadro de Valdés Leal que expresa el pesimismo barroco

* Pesimismo y desengaño. Las ideas sobre la fugacidad de la vida, la falsedad del mundo y la muerte irremediable hacen que el hombre de esta época se siente invadido por un hondo pesimismo y una angustiosa incertidumbre de que se hace eco toda la literatura. Al optimismo y tranquila placidez del Renacimiento, sucede ahora un profundo desencanto y el convencimiento de que nada vale la pena.

* Originalidad. Es la máxima aspiración del Barroco. El escritor se afana en descubrir cauces nuevos, para impresionar, para sorprender y atraer la atención del lector. Se vale de hipérboles, contrastes, metáforas, etc. El afán de originalidad conduce a la artificiosidad.

* Retorcimiento y artificio. Se da tanto en los conceptos como en la forma. El tema literario queda muchas veces oculto por el excesivo recargo de elementos decorativos: cultismos, alusiones a la mitología, etc. De aquí surge una literatura para minorías selectas, (Góngora).

* Exageración. Es desmesurada en la expresión: metáforas, hipérboles, etc. Tendencia a exagerar la realidad hasta llegar a la caricatura, (Quevedo).

* Contraste. Enfrentamientos de elementos contrarios. Antítesis.

 Fíjate en las diferencias entre el renacimiento y el barroco en la arquitectura. Estas mismas diferencias se dan en la pintura, escultura, literatura, música, etc.                           

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Un palacio renacentista florentino: racionalidad, pureza de líneas, escueta ornamentación.

 

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Portada barroca del Hospicio de Madrid: recargamiento ornamental delirante

 

6.2. LAS DOS ESCUELAS DEL BARROCO:

6.2.1. EL CULTERANISMO. 

                                                                         gongora

 

La literatura barroca supone una ruptura del equilibrio clásico entre forma y contenido. En el culteranismo este equilibrio se altera con el predominio de la forma sobre el contenido. Se trata de una poesía suntuosa, culta, de gran artificiosidad, recargada de imágenes brillantes, metáforas, citas mitológicas, hipérbatos. Todo ello con el fin de crear un mundo de belleza absoluta y una gran musicalidad en el lenguaje. Su genial representante es Góngora.

6.2.1.1. Luis de Góngora y Argote

Nació en Córdoba en 1561. Estudió en Salamanca. Ordenado sacerdote fue capellán de honor de Felipe III. Murió en Córdoba a las 66 años. Poeta discutido. Olvidado, es "resucitado" por la Generación del 27. Fue la culminación del cultismo literario de su época.

Los rasgos fundamentales de su poesía son:

‑ Uso de voces cultas: latinismos, neologismos, alusiones mitológicas. Poco a poco estos cultismos se fueron incorporando al lenguaje popular.

‑ Uso del hipérbaton.[1]

‑ Uso de metáforas y eufemismos[2], con los que se crea belleza y se evita la palabra vulgar.

‑ Uso de imágenes sonoras, táctiles, coloristas y musicalidad del ritmo.

‑ Técnica poética perfecta. Todo está medido, previsto.

Góngora, al que se ha llamado, "príncipe de la luz y de las tinieblas", tiene dos estilos distintos, el de los romances y letrillas, de sabor popular, sencillos y fáciles de entender; y los poemas propiamente culteranos, oscuros, sólo para minorías muy selectas. Destacan entre estos últimos: "Polifemo y Galatea" y "Soledades".

 

 

 

El tópico literario en un tercer momento. el Barroco

Soneto

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido, el sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, más tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Luis de Góngora

El tópico de la exhortación a una joven para que ame, antes de que la edad marchite su belleza, tratado, entre otros poetas, por Garcilaso y Fray Luis de León, es recogido aquí por Góngora cargándole con toda la ornamentación e ideología barrocas: el contraste y la antítesis quedan sublimados en el último, brutal y verdadero, verso.

 

 

6.2.2. EL CONCEPTISMO.

El conceptismo se basa en asociaciones de ideas (conceptos). Prevalece el contenido sobre la forma. Para conseguir sus fines se vale de contrastes, antítesis, paradojas, equívocos, etc. Lenguaje lacónico, satírico, sutil e ingenioso. Su máximo representante es Quevedo.

Estas dos tendencias, culteranismo y conceptismo, no se dan totalmente aisladas, sino que se interfieren constantemente.

 

quevedo

6.2.2.1. Francisco de Quevedo y Villegas.

Nace en Madrid en 1580. Estudia en Madrid y en Alcalá de Henares. En un duelo mata a un rival y huye, refugiándose en Italia. Al morir Felipe III, vuelve de nuevo a la corte. Acusado de haber dejado bajo la servilleta del rey un memorial contra el Conde Duque de Olivares, es encerrado en el convento de S. Marcos de León, de donde salió dos años antes de su muerte, acaecida en 1645.

Pocos le han igualado en el manejo del idioma. Se diría que juega con las palabras, con la sintaxis, con los conceptos. Sus comparaciones, antítesis, paradojas, están al servicio de la agudeza de su pensamiento. Su expresión es sobria, a veces lacónica. Se impone sobre todo por la idea, por el concepto.

Dotado de un gran ingenio, se advierte, a través de sus escritos, un espíritu satírico que le lleva a una crítica mordaz y despiadada ante las injusticias y deslealtades humanas, y a un sentimiento escéptico ante el amor, que, a veces, siente y describe con apasionada violencia.

En Quevedo, los grandes temas del Barroco: fugacidad de la vida, pesimismo y desengaño y la muerte ineludible, se agigantan y se revisten de esa angustia existencial que caracteriza toda su obra.

La España decadente que contempla, le hace adoptar una visión pesimista del mundo. De ahí, la sátira aguda, el sarcasmo y la burla desgarrada, además de una gran sinceridad y rebeldía.

Los rasgos literarios de su estilo son:

‑ Estilización caricaturesca y satírica de la realidad.

‑ Expresión concisa, laconismo de la frase. Importa, más que la forma, la agudeza del pensamiento.

‑ Uso de términos contrarios, antítesis.

‑ Hipérboles desmedidas.

‑ Metáforas audaces

‑ Hipérbatos distorsionantes

‑ Riqueza de léxico con una gran variedad de sinónimos y antónimos.

Cuando se lee a Quevedo, no se sabe si ponderar más la profundidad y precisión de su prosa o la intensidad emocional de su poesía.

En su obra poética desarrolla temas satírico‑burlescos, políticos, moralizadores y amorosos.

Quevedo es junto a Lope y Góngora, el maestro del soneto.

En Quevedo el amor es pasional, inquietante, sin una justa compensación. La fuerza arrolladora del amante es en sí misma muy superior al hecho de ser amado; el amor no llega más allá de ser "un soñado bien".

Obra en prosa:

Picaresca: "El Buscón"

Satíricas: "Los sueños"

Políticas: "Política de Dios", "Vida de Marco Bruto"

Ascéticas: "La cuna y la sepultura", "La Providencia de Dios"

El Buscón, es una de las obras más geniales de la picaresca. Su prosa es rica en matices sugerentes, tan audaz en el empleo de las metáforas, tan hábil en el uso de antítesis, hipérboles e imágenes. Todos los elementos del barroco se encuentran en ella. Los personajes están descritos con una ironía despiadada. La figura esperpéntica del "dómine Cabra" es un anticipo de los esperpentos de Valle‑Inclán.

 

6.2.2.2. BALTASAR GRACIÁN

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En su obra se admira la agudeza de su inteligencia y la intención moralizadora, pero carece de emotividad.

Su obra "El criticón", está llena de símbolos y alegorías.

 

6.3. EL TEATRO EN EL SIGLO DE ORO: LOPE Y CALDERON

En el siglo de oro los teatros públicos se llamaban "corrales". Un co­rral es un patio cerrado por casas a tres lados, a cielo raso, con un esce­na­rio cu­bierto por un tejadillo. Las localidades no son caras y el control de entrada no es riguroso. En el patio se acomodan los hombres; al fondo, en la "cazue­la", están las mujeres. Los más privilegiados asisten a la representa­ción desde los corredores superiores y balcones de las casas.

                               

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                  corraldecomedias                    corraldelprincipe

 

 

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Distintos aspectos de Corrales de comedias

Comedia en el siglo de oro es equivalente a "pieza tea­tral" en la que se alternan, como en la vida humana, lo trágico y lo cómico, las situa­ciones "complicadas" y las más felices.

Los personajes que salen a la sencilla escena son:

El rey, fundamento de la justicia y el orden.

El poderoso, de noble linaje, cuya soberbia y pasiones le hacen culpable ante el rey y el pueblo.

El caballero, es el padre‑viejo o el hermano o el esposo; su atributo es el honor y su recurso, cuando su honra es mancillada, la venganza.

El galán y la dama, cuyas relaciones amorosas están determinadas por el código social.

El gracioso es la contrafigura del galán. Le caracteriza su sentido prácti­co de la vida, su buen humor y la fidelidad a su señor.

El villano, apegado a la tierra que trabaja, defiende su honra y su digni­dad basada en su limpieza de sangre. Es el cris­tiano viejo convertido en héroe dramático. En su figura de valora el trabajo que da de comer a todos.

Los personajes de las comedias son personajes‑tipos. Este teatro no pro­fun­diza en el carácter de los personajes, no es un teatro psicológico. Es un teatro de acción e intriga.

Estructura de las comedias: Las comedias del siglo de oro tienen tres actos, divididos en escenas, con una sola acción que transcurre en dife­rentes lugares y días. Es decir, hay unidad de acción, pero no de lugar y tiempo.

Las comedias se escribían siempre en verso; las estrofas más usadas eran los romances, redondillas, décimas, sonetos, silvas, octavas..., pero sobre todo, las quintillas.

Temas de las comedias: El público de los corrales ve, llevados a la esce­na, los sentimientos, ideas y opiniones de los españoles de su época. Hay además situaciones divertidas, finales felices, que permiten evadirse durante unas horas de los graves problemas de la decadente España de fina­les del S. XVI y del XVII.

Los dramaturgos[3] convierten en teatro: la histo­ria, la litur­gia, la tradición, la vida misma.

El pueblo era muy aficionado a asistir a los corrales porque los temas eran populares, de acuerdo con la manera de pensar y sentir el mundo, pro­pia de los españoles.

Es, en suma, un teatro nacional y popular.

 

6.3.1. Félix Lope de Vega y Carpio.

lope-de-vega Fue un hombre vital, apasionado, con gran capacidad de trabajo. Es el dramaturgo que más ha escrito en la histo­ria de las literaturas. El público aplaudió siempre sus comedias. Lope se mezclaba entre el pue­blo, sacaba de él sus intrigas y argumentos; escribía para el pueblo y plasmó en su obra la manera de pensar, y sentir del mundo, del pueblo espa­ñol. Daba gusto a todas las clases sociales. Todos se veían representados en sus comedias.

"Monstruo de la Naturaleza", escribió más de mil comedias. Lope es un poeta, sus comedias son verdaderos poemas dramáticos. Su facilidad de versificación es inaudita, así como su lirismo. Lirismo y acción sonlas dos notas fundamentales en las comedias de Lope.

Sus mejores obras son:

*"El mejor alcalde, el Rey"; "Peribáñez y el comendador de Ocaña","Fuenteovejuna"... que son comedias de honor, en las que el villano,consciente de su honra, se alza contra la tiranía y el capricho del podero­so y acude al rey pidiendo justicia

*La dama boba","El perro del hortelano", "El acero de Madrid", "Las bizarrías de Belisa", son comedias de enredo o de capa y espada en las que la intriga amorosa es el eje central. Pretenden sólo divertir y el final siempre es feliz.

El tema del amor y de la muerte, de la realidad y del miste­rio, se fun­den en "El caballero de Olmedo", inspirada en una cancioncilla popular:

"Que de noche le mataron
al caballero
la gala de Medina
la flor de Olmedo."

 

 

6.3.2. PEDRO CALDERON DE LA BARCA. (1600‑1681).

 

calderonFrente al carácter abier­to, comunicativo, volcado hacia afuera de Lope, es el de Calderón un carác­ter hermético. Su vida es la del silencio.

Su pasión fue el orden, el razonamiento. Su intelectualismo le lleva­rá a crear personajes razonadores que expresan conflictos con la frial­dad del razonamiento matemático.

Para satisfacer los gustos del pueblo, Calderón escribe sus prime­ras co­me­dias siguiendo la técnica realista de Lope. pero su pasión por el orden le lleva a: estilizar, ordenar, intensificar y perfeccionar la técni­ca teatral creada por Lope.

En las comedias de Calderón la trama se simplifica, el estilo es más conci­so y la escenografía juega un papel fundamental, requiriendo gran habilidad su puesta en escena.

El protagonista es el eje y núcleo de la acción y a él se subordi­nan los demás personajes.

En la obra de Calderón, síntesis del Barroco, se funden la belle­za de ex­presión del Culteranismo y las sutilezas intelec­tuales del Conceptismo.

Pertenecen al primer estilo de Calderón: Comedias de honor, de histo­ria y leyenda española y de capa y espada o enredo.

"El médico de su honra", "A secreto agravio, secreta venganza", "El pintor de su deshonra"... son comedias de honor conyugal, en las que la primacía de las leyes del honor, conduce a crímenes monstruosos.

Sin embargo, en el "Alcalde de Zalamea", obra de tipo históri­co, y obra maestra, el honor es una virtud del alma que dignifica al hombre. El tema y hasta el título lo copia de otra de Lope.

"La dama duende", "Casa con dos puertas, mala es de guardar", son de las más famosas de capa y espada o de enredo.

Pertenecen a la segunda etapa o estilo de Calderón comedias reli­gio­sas, mitológicas, filosóficas y los Autos sacramentales.

El auto sacramental es una obra alegórica y referente a la Euca­ris­tía. Calde­rón no fue el creador de los autos, pero los perfeccionó. "El gran tea­tro del mundo" y "La cena del rey Baltasar" se citan entre los mejo­res de sus 70 autos.